No conozco el sonido de tu voz enamorada,
ni tus manos fueron tiernas en mi cuerpo,
ni tus labios fueron besos en mis labios.
Tampoco el despertar me trajo tu perfume,
ni en el aire caliente de la tarde
fuiste el ave que pasò
ante mis ojos tristes.
No te recuerdo casi,
porque nunca te he visto.
Pero recuerdo que pasaste silencioso,
ante mí, cuando pensaba en el amor.
Acercate.
Te espero.
Acercate, puès mis manos tendidas aguardan.
Te reconocerè en esta multitud del mundo,
en esta gran quietud de mis jòvenes años.
Acercate, pues casi he comenzado a extrañarte.
En tardes como èstas,
tambièn yo soy el ave
que ha emigrado a buscarte.
Alicia Victoria Benitez
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