Somos buenas personas y, por ello, pretendemos reconocer a los otros como iguales. Y quizá allí esté el problema:
nadie es igual salvo en el hecho de ser originalmente único, dado que:
Uno arma sus historias como puede,
uno escribe con las letras que posee
y, quizá, el relato bien no suene
para quien, al pasar , viene y lo lee.
Porque uno es uno pero hay otros,
que son uno- lo mismo que nosotros-
y que escriben sus historias diferentes,
pero (en ellas) nosotros somos otros.
Siendo yo, yo soy yo y tú eres el otro,
y aún soy yo cuando hablo de nosotros,
tú eres tú para mí y, aunque lo intente,
si no piensas igual, tú eres el loco.
Pero tú, incomprensible paradoja
de ser yo al mismo tiempo que ser otro,
siendo igual, te muestras diferente
aunque, igual a ti, tú me pretendes.
De Reflexiones de Ramiro Campos en
Relatos del nos-otros.
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