Una conversación intrascendente,
un cortado a destiempo, casi frío
la vereda reseca, de cemento
el bullicio de otros, un colectivo.
El obelisco al fondo de testigo,
nos vió caminar juntos y tranquilos
después nos despedimos
como amigos . . .
En la primera cuadra del camino
con siete pesos que llevaba en la cartera,
me compré un corazón de fantasía
y lo puse en mi pecho
de colgante
porque el mío se fué
con sus latidos.
Alicia Victoria Benítez
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